By Isai Monterrubio

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Son las 5:30 de la mañana. La alarma del doctor Guillermo Piña Uribe, profesor titular de la especialidad de otorrinolaringología del Hospital General Centro Médico La Raza, retumba dando pauta a un nuevo amanecer. Guillermo se prepara para un día más en su trabajo. Desayuna rápidamente y a las 7:00 en punto sale rumbo al hospital. Sus pacientes del área Covid le aguardan.
El Gobierno mexicano contrató a más de 44 mil médicos y enfermeras al inicio del año, para enfrentar la pandemia, según los datos que el secretario de Salud, Jorge Alcocer anunció el pasado mes de abril. Además, el Gobierno capacitó a 36 mil 611 agentes del personal médico para hacerle frente a la crisis sanitaria; Guillermo es uno de los 36 mil agentes que forma parte de este grupo.
La llegada del virus no fue repentina para el personal médico, “sí nos estuvimos preparando. Nos anunciaron que iba a haber una contingencia sanitaria y nos anunciaron un plan de acción. El Seguro Social (IMSS) sí estuvo preparado”, declara el Dr. Guillermo. Sin embargo, la pandemia sí cambio su ritmo de vida en el trabajo “Se suspendieron mis actividades académicas y asistenciales (consulta externa y cirugías), ahora colaboro en la atención de pacientes Covid positivos y en las cirugías de urgencias que hay de la especialidad”.
A pesar de los cursos de preparación anteriores a la llegada del Covid a México, y de los protocolos para el manejo de pacientes, el doctor Piña seguía sintiendo miedo ya que el equipo que les proporcionaban en el hospital no era el suficiente para salvaguardar a todo el personal de un posible contagio, “el miedo es lo que te hace estar muy atento, pero también es lo que te hace a veces fallar”. Dadas estas condiciones, la población civil se convirtió en su mejor aliada.
El Gobierno de la Ciudad de México (CDMX), durante este periodo de pandemia, ha firmado un total de 62 contratos, los cuales se reparten principalmente en insumos como equipo médico y materiales sanitizantes. La inversión que la CDMX realizó entre estos 62 contratos ascendió a un monto de 1 billón 332 millones de pesos (mdp), sin embargo, para el doctor Guillermo, este material era de muy baja calidad.
“La población civil fue la que nos donó. Gente conocida de nosotros que sabían que íbamos a estar en el frente de batalla; ellos fueron los que nos donaron este tipo de material”. Las personas les externaban sus agradecimientos con mensajes como “Gracias por su entrega y dedicación”. los cuales venían en los paquetes, que en su interior contenían los cubrebocas, guantes y caretas donados.
No obstante, el apoyo y las donaciones de los civiles no eran suficientes, por lo que el personal médico se vio obligado a realizar colectas entre ellos mismos, para comprar insumos que les ayudaran a combatir el virus, “Aparte nosotros también nos organizamos. Hicimos coperachas. Hicimos una colecta, para que con esa colecta pudiéramos comprar equipos”. Esos equipos consistían en batas y cubrebocas, principalmente.
Sin embargo, esta colecta tampoco fue suficiente, por ello es que comenzaron a comprar equipo propio, desde trajes desechables tipo overol, que ahondan los 400 pesos, hasta mascarillas con filtros intercambiables que rondan los 1700 pesos.
Los cubrebocas también los comenzaron a adquirir por su cuenta, aunque admite que ya eran bastante costosos, “un cubrebocas N95, antes de la pandemia costaba 40 pesos, incluso yo llegué a compararlos en 24 pesos. Anunciaron la pandemia y salió la incertidumbre de que esto era lo que nos iba a proteger y hubo cubrebocas que se elevaron los precios hasta 100 o 150 pesos por unidad”.
La llegada del doctor Guillermo, como la de muchos otros profesionales de la salud, al área Covid fue voluntaria, aunque admite que hubo personal médico que fue enrolado en el área de peligro “En muchos casos sí -eran enrolados- porque hacía falta personal”. Según cifras de Jorge Alcocer, al inicio de la pandemia, México contaba con un déficit en el personal médico de hasta 300 mil agentes, contando al sector de enfermería. Dentro de estas cifras se encuentran los casos del personal médico que rebasaba los 65 años de edad, o tenía una enfermedad o morbilidad como diabetes e hipertensión.
Hasta el momento se reportan más de 39 mil 500 defunciones por Covid en México, decesos que sin duda le han pesado al doctor Piña por la rapidez con la que se dan. “No te lo podría yo describir, creo que ese sentimiento es algo muy personal y cada quien lo vive de formas distintas. Cuando iniciamos esta carrera, uno de nuestros juramentos es proteger la vida, pero con esta enfermedad a veces no se puede cumplir.”
Para él, ver a las personas en el área Covid le da el sentimiento de impotencia, “Es una impotencia ver que es gente sana, y ver gente que […] se pudieron prevenir. Mucha gente de la que llega tiene alguna morbilidad” declara refiriéndose a los pacientes que se encuentran dentro del grupo con mayor índice de riesgo, las cuales padecen morbilidades como diabetes e hipertensión.
Para el doctor Guillermo, el mayor problema de la pandemia no es la enfermedad en sí. Para sustentar su argumento citó a Albert Camus diciendo que “la peste no desnudaba cuerpos; desnudaba almas” refiriéndose a las caras que, no solo el personal médico, sino las personas en general muestran frente a la pandemia. “Hay gente muy muy comprometida. Con comprometida me refiero que hace más que su deber, y hay gente indiferente que le vale madres”.
Las cifras que el Grupo Reforma arrojó en su conteo apuntan a que, en México, hasta el 11 de mayo había 8 mil 544 contagios dentro de los profesionales de la salud y 111 defunciones, 33 de ellas se habían dado lugar en la CDMX.
Para el doctor Guillermo, esta labor que el personal médico y del hospital brindan es heroica, aunque no sólo se limita a los profesionales de la salud; la sociedad civil también tiene su parte en esta gesta. “Creo que el héroe o el valiente, en este caso, es el que está comprometido con la situación actual, que a pesar de que la tiene perdida, lucha con todo por sacarla adelante. Sabemos que hay miedo…” con la voz entrecortada y el sentimiento en los ojos sentenció Guillermo.
El doctor Piña no está todos los días en el área Covid, hay un rol que se estableció desde el inicio de la pandemia. El turno dentro del área de riesgo es de 6 horas en donde se tienen que mantener tan herméticos como un astronauta que está en órbita.
Al término del turno, el personal, para desalojar el área, se quita el material aplicando la técnica alcohol-gel, “parte de la técnica es usar alcohol-gel antes de quitarte cualquier prenda, ejemplo: lo primero que me quito son las botas, entonces, antes de quitarme las botas uso alcohol-gel. Termino de quitarme las botas y me vuelvo a echar alcohol-gel” y así sucesivamente hasta salir únicamente con la pijama quirúrgica y el cubrebocas.
Para evitar un posible contagio en su hogar, el doctor Guillermo se da un baño antes de salir de hospital y una vez llegando a su vivienda se vuelve a bañar.
Son las 11:00 de la noche, el héroe está en casa. El día acabó para el doctor Guillermo Piña. Mañana deberá levantarse temprano por la mañana para seguirle haciendo frente a un virus que parece no ceder espacios en la vida de los y las mexicanas, sin embargo, los héroes de guantes y careta no cesarán hasta controlar la enfermedad.


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Acerca del autor: Isai Monterrubio es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.