By Naomi Solares

Correo: naomibsolares@politicaladvisorsapc.com


Basta googlear “Shut down PornHub” para encontrar cientos de páginas con información y testimonios de víctimas que han sufrido a causa de la falta de regulaciones en las plataformas de pornografía más grande del mundo.

PornHub es una muestra de ello; esta plataforma permite a sus usuarios subir contenido sin aplicar filtros lo cual hace que sea común encontrar videos de violaciones, pedofilia y porno venganza. Muchas mujeres -en su mayoría- han alzado la voz para ser escuchadas por el gigante de la industria pornográfica pero sus esfuerzos han sido en vano, PornHub ha dejado en claro que no tiene intención de escuchar a las víctimas.

Tomemos el caso de Rose Kalemba como ejemplo. Rose es una joven de Estados Unidos que fue violada a los 14 años, el vídeo de su agresión terminó en PornHub. La víctima trató de comunicarse enviando un sin fin de mails a la plataforma solicitando que removieran todo el contenido que existía de ella en este sitio. Sin embargo sus peticiones fueron ignoradas y no fue hasta que redactó un correo pretendiendo ser un abogado – amenazando con demandar -que sus palabras fueron tomadas en serio. Al cabo de 48 horas lo vídeos habían desaparecido.

No solo PornHub es culpable de darle espacio a videos con este tipo de contenido. Todas y cada una de las plataformas de pornografía gratuita albergan videos de “violación”, “sexo mientras duerme” , “adolescentes”, etc.

El límite es el cielo se ha convertido en la frase que mejor describe a la industria pornográfica; en los últimos años. La variedad de vídeos ha ido en aumento y de la mano el nivel de brutalidad en su contenido. Los dueños de estas plataformas se han enriquecido a costa del sufrimiento de las víctimas.

Nuestra sociedad ha aceptado a la pornografía como algo normal; tan normal que solo en el año 2019 PornHub tuvo un total de 42,000,000,000 visitas. Se ha asumido como parte del desarrollo de nuestra sexualidad y muchas personas saltarían al instante para argumentar que ésta industria es una parte intrínseca de nuestras vidas y que no hay forma de erradicarla. Por el momento, ante tal panorama, quizá lo único que podamos hacer sea exigir que tales plataformas cuenten con una regulación mucho más severa y que  tomen con seriedad las demandas para eliminar contenido ilegal. Es inadmisible que como sociedad no actuemos para proteger a las víctimas de violación, tráfico humano y pedofilia. Remover este contenido no solo le ayudaría a encontrar un poco de paz a las personas que ya fueron agredidas sino que también ayudaría a disminuir el riesgo de que más personas sean violentadas, vendidas, secuestradas y manipuladas con la finalidad de producir material audiovisual para páginas pornográficas. 

Muchas de las compañías aseguran que sus plataformas cuentan con un protocolo eficiente  para reconocer material no consensuado e ilegal y asegurar la protección de las víctimas, cosa que no podría estar más alejada de la realidad. PornHub declaró que las personas que quieran denunciar contenido en su plataforma pueden hacerlo con una “solicitud para remover contenido” donde se les pide que proporcionen los links del contenido que desean retirar de la plataforma. Al ser eliminados se hace uso de la tecnología de Vobile, la cual supuestamente “marca” el contenido haciendo imposible que se vuelva a subir a la plataforma. Sin embargo se han hecho diferentes reportajes donde se demuestra que esta tecnología no es cien por ciento eficaz ya que hay forma de editar los vídeos e imágenes para subirlos nuevamente a la red.

Sí las compañías quieren tener un protocolo que realmente sea eficiente es necesario que se comprometan a mantener un monitoreo constante de las imágenes y vídeos que se pretenden subir a sus plataformas. Es imprescindible que se inhabiliten las opciones de descarga; esto prevendría que los vídeos de víctimas terminen en manos de miles de personas haciendo más difícil que una estas pueda remover todo el material existente de su persona. Prohibir y eliminar cualquier categoría que esté relacionada con violaciones y abuso de menores, tales como “lolita”, “adolescente borracha”, “adolescentes”, “incesto”, etc. Muchas compañías se han tratado de escudar tras el argumento de que estas representan las preferencias de un cierto porcentaje de usuarios y esto a su vez constituye una forma de libertad de expresión. Ante esto me parece pertinente mencionar que tal argumento es débil y sin sentido; la libertad de expresión es válida hasta el punto en que ésta puede poner en riesgo la integridad de algún ser humano o fomente actitudes nocivas en nuestra sociedad.

Esta especie de vídeos normalizan la violencia sexual en un mundo donde el número de violaciones, secuestros, redes de trata y grupos de pedofilia van en aumento. Es inaceptable que alguien defienda material que se usa como incentivo para que estos crímenes se sigan perpetrando. De la mano debería ir un esfuerzo constante para recopilar los datos personales de los usuarios que produzcan y distribuyan tales filmes, vídeos e imágenes. Esto ayudaría a que las autoridades puedan proceder en contra de estas personas.

Compañías como PornHub, RedTube, XVideos, etc., deben invertir tiempo y recursos para asegurar que todo el material en sus plataformas haya sido producido de manera consensuada. Incluso con aquellos vídeos procedentes de grandes casas productoras como Brazzers, ya que muchas actrices han declarado que los productores de filmes pornográficos y algunos actores abusan de ellas en el set dejándolas gravemente heridas y con traumas de por vida. No tiene lógica que empresas multimillonarias como MindGeeks, que es la empresa madre de PornHub, Redtube, YouPorn, Brazzers, Reality Kings, etc., no centre todos sus esfuerzos en desarrollar e ivertir en tecnologías que aseguren que ninguna otra persona tenga que pasar por el infierno que mucha gente ya ha experimentado a manos de directores de cine porno, así sean filmes profesionales o amateurs.

A pesar de que en los últimos meses este tema ha explotado en redes sociales y se han abierto muchas iniciativas y peticiones exigiendo regulaciones e incluso el cierre de estas plataformas es claro que el cambio será lento y gradual.

Gracias a la información que ha salido a la luz muchas personas están empezando a inclinarse a dejar atrás a estos monopolios pornográficos para buscar páginas donde puedan consumir “pornografía ética”.

El consumo de porno ético significa buscar plataformas que contengan videos donde esté asegurado que todos los involucrados mantuvieron relaciones sexuales de forma consensuada, filmes donde los directores no pueden forzar a sus actores a hacer cosas con las que no se sientan cómodos y, a diferencia del porno mainstream, las narrativas se centran en escenarios reales y en la inclusividad donde hay lugar para todas las orientaciones sexuales y tipos de cuerpos. En la mayoría de estos sitios es necesario pagar una pequeña cantidad de dinero, con la cual dichas casas productoras pueden permitirse brindar un salario justo a sus actrices y actores. Algunos ejemplos de estos sitios son: Xconfessions, Lust Cinema, Bright Desire, Pink & White Productions, Make Love Not Porn, etc.

Quizá el porno ético sea un buen comienzo para cambiar la forma en que vemos la sexualidad, nuestros hábitos de consumo y, al mismo tiempo, generar cambios graduales en esta industria. Aunque en lo personal creo que la pornografía no debería existir, ni mucho menos ocupar un rol elemental en la vida de tantas personas, entiendo que se trata de un tema complejo.

 Es necesario el análisis y el debate para decidir si esta industria ha dejado algo positivo en nuestra sociedad; ¿Qué efectos ha tenido en la forma en que desarrollamos nuestra sexualidad y percibimos a nuestras parejas sentimentales? ¿Qué tanto ha influido en la mente de violadores, pedofilos y tratantes de blancas? ¿Qué tanto hemos permitido que se vuelva una necesidad en nuestras vidas?.

¿Hasta qué punto vamos a permitir que nuestro consumo siga devastando la vida de personas inocentes?.

Los datos y los testimonios están ahí, queda en nosotros hacer conciencia y decidir.


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Acerca del autor: Naomi Solares es estudiante de sociología en la UAM Xochimilco.

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