By Arturo García

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Uno de los principales proyectos de la actual administración de la Ciudad de México planteaba una mejor conectividad para los habitantes de la metrópoli, a través del transporte público, ya sea mediante la intervención para su mejora o en la inversión para incluir nuevos medios de transporte a la ciudad.

Claudia Sheinbaum en su entonces candidatura por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, prometió dotar de un medio de transporte para conectar dos puntos estratégicos del oriente de la Ciudad, así, prometió en campaña un transporte masivo que comunicaría de Santa Martha a Constitución de 1917.

En dicha campaña mencionaba que se llevaría a cabo un estudio técnico para determinar si el transporte masivo a construir seria la ampliación del Sistema de Transporte Colectivo Metro o un Trolebús elevado.

Y al momento de ganar la jefatura de gobierno refrendo este compromiso de la construcción de un transporte masivo para el oriente de la Ciudad de México, así como de un sistema de teleféricos que comuniquen a las zonas altas de la Ciudad y que denominó Cablebús.

Es así como, en semanas recientes se anuncia que la construcción de un Trolebús elevado para conectar Santa Martha y Constitución de 1917, dejando de lado el proyecto de la ampliación del STC Metro, lo que causó opiniones divididas acerca del tema.

Basta con analizar las capacidades unitarias de los distintos medios de transporte y estimar la demanda de la zona en donde se plantean llevar a cabo para elegir el medio más adecuado. Por ejemplo, el STC Metro cuenta con una capacidad unitaria de 170 personas por carro lo que implica 1530 personas por convoy, mientras que un autobús doble o BRT (modelo que se emplearía en el Trolebús elevado) cuenta con una capacidad unitaria de 160 personas.

Ahora bien, el STC Metro con intervalo de paso de 3 minutos en una hora tendría que disponer de 20 trenes que transportarían a 30, 600 (treinta mil seiscientas) personas por hora, mientras que el Trolebús elevado con mismo intervalo de paso de 3 minutos y disponiendo de 20 unidades, sólo transportaría 3, 200 (tres mil doscientas) personas.

Como se puede apreciar, la diferencia entre uno y otro medio de transporte es abismal; inclusive si se redujera el intervalo de paso de las unidades del Trolebús elevado a 1 minuto, lo que supondría disponer de 60 unidades, se aumentaría la demanda atendida a 9, 720 (nueve mil setecientas veinte) personas, encontrándose aún muy lejanas a las 30 mil personas que se lograrían transportar en una hora mediante el STC Metro.

A esto debe sumarse que, el oriente de la Ciudad de México es la zona más poblada de la entidad; En la Alcaldía de Iztapalapa la población es cercana a los 2 millones de habitantes, a los cuales se les debe garantizar el servicio de transporte. Inclusive este proyecto es de carácter metropolitano, ya que no solo beneficiara a los habitantes de la Ciudad de México, sino también a los habitantes del Estado de México que forman parte de la zona metropolitana del Valle de México.

Los habitantes del Estado de México supondrían aproximadamente 1 millón más que emplearían este medio de transporte, situación que se ve reflejada en la encuesta origen destino de la zona metropolitana del Valle de México, en donde a diario llegan una gran cantidad de personas a Santa Martha para desplazarse a algún punto dentro de la Ciudad de México.

Claro está que un Trolebús elevado con una reducida capacidad unitaria no atenderá la demanda de pasajeros que presenta la zona, convirtiéndose en un proyecto más destinado a la obsolencia.

Situación similar ocurre con la Línea 1 del Metrobús que ha visto rebasada su capacidad unitaria por la demanda de pasajeros de la zona, y en donde aun con intervalo de paso menor a 1 minuto las unidades llegan a las estaciones con su capacidad unitaria al tope puesto que estás se llenan desde la estación terminal.

Pero ¿Por qué la jefa de gobierno ha decidido construir este medio de transporte sabiendo que los estudios arrojan no ser el más adecuado? Simplemente por el costo político que representa.

Realizar una obra del STC Metro conlleva tiempo y malestar a los ciudadanos en donde se está llevando a cabo la obra pero los beneficios son bastante amplios, puesto que se trata de desincentivar el uso del automóvil ofreciéndole a los usuarios alternativas de transporte.

Llevar a cabo un Metrobús o en este caso un Trolebús elevado supone un tiempo de obra bastante reducido, por lo que la jefa de gobierno podrá presumir este logro y quizá replicar la obra en otros sitios, como un arma política que le pueda servir en la carrera hacia 2024, sin importar que serán más las desventajas de este tipo de proyectos que los aciertos.

De cualquier forma la construcción de dicho proyecto ya ha comenzado, con o sin consulta a los ciudadanos de aquella zona y en plena pandemia por el COVID-19.


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Acerca del autor: Arturo García es economista y actualmente estudia urbanismo, interesado en asuntos metropolitanos enfocado en procesos económicos y vivienda, así como desarrollo y asesoramiento a Pymes.

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