By Fernando Zúñiga

Correo: zuniga.chef@politicaladvisorsapc.com


Recientemente el restaurante Sonora Grill, ubicado en Masaryk, Polanco, en la Ciudad de México ha sido lugar de polémicas y controversias debido a las supuestas prácticas discriminatorias para la asignación de mesas y servicio, basados en la apariencia, indumentaria y/o color de piel de sus clientes.

Todo esto ha dado lugar a un sinnúmero de señalamientos, críticas y hasta memes, contra el establecimiento, sus dueños y empleados; porque los mexicanos vemos esto de la segregación y el racismo como algo que no solo no es aceptable, sino que tampoco es propio de nuestro país; nos gusta pensar que es algo lejano, que en nuestro vecino del norte es práctica común en contra de nuestros paisanos que radican allá y hasta en contra de los suyos propios; que sucede en otros países, pero no en el nuestro.

Sin embargo, la discriminación en sus diferentes modalidades, es una práctica tan común en nuestro país que difícilmente alguien no ha sido víctima o sabe de alguna víctima. La dolorosa verdad es que muchos mexicanos, no solo somos racistas sino también clasistas, machistas, homofóbicos, burlones, que nos gusta enmascarar estas prácticas con la broma e incluso con la salvaguarda de nuestro deber.

Hace unos pocos días, dos amigas cercanas, entraron a Superama de Arboledas, con la idea de comprar un regalo, desde que entraron fueron objeto de una muy cercana, si no obsesiva, supervisión del guardia de seguridad de la tienda, quien todo el tiempo que estuvieron dentro de la misma, las siguió y no les perdió de vista, evidentemente bajo la presunción de que fueran a robar algo, ¿la razón?, es incierta, creemos que quizás fue por su manera informal y sencilla de vestir, aunque al menos que yo sepa, no existe una norma que indique que para entrar a algún supermercado se tenga que vestir de tal o cual manera. Ellas obviamente se sintieron vulneradas en su derecho de entrar y recorrer libremente a la tienda que quieran, pero también se sintieron acosadas por un tipo que todo el tiempo estuvo viéndolas, eso sí, escudado en su labor de vigilancia.

¿Cosa de adultos? Hace unos pocos meses supe de un niño, de apenas 12 años, que sufría de bullyng por parte de sus compañeros, por tener la tez más morena que el resto del grupo, y la pregunta es obligada, ¿Cómo y dónde aprendieron estos niños este tipo de prácticas? Al respecto mi memoria guarda vívidos y dolorosos recuerdos de mi infancia, también fui víctima de bullyng, por mi sobrepeso, desde el primer grado de primaria y hasta el segundo grado de secundaria, empujones, apodos, burlas, abusos, fueron entonces cosa normal. Seamos claros, la crueldad infantil, no es innata, sino aprendida en casa y en el entorno social de los niños, además no es cosa nueva, es un fenómeno cotidiano y muchas veces normalizado.

Mención aparte merece la discriminación que ejerce, un buen número de personas, a quienes les ha sido otorgado algo de poder, aunque este se limite a encargarse de la entrada de un antro, de la atención a clientes o de una simple lista de asistencia; peor aún si estas personas obtienen un puesto laboral con algo de jerarquía porque casi siempre harán todo lo necesario para ejercer y demostrar de forma tajante su “superioridad”, con una falta de empatía descomunal. Decía mi abuela en su vasta sabiduría: “Dale un poco de poder a alguien y se volverá loco”.

He escuchado decir a amigos mexicanos que radican en Estados Unidos, que en territorio estadounidense, el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano, las razones son tristes como obvias. En nuestro propio territorio no es tan distinto, en diferentes ocasiones he sido discriminado en mi calidad de turista nacional, al visitar algunos Estados de la República por el hecho de ser “chilango”, término en sí mismo despectivo, y que ha dado lugar hasta refranes tales como “haz patria y mata a un chilango”, si bien nunca he sido agredido físicamente si me han negado el servicio, o me han atendido de forma muy grosera.

Como estos casos podemos enunciar muchos otros, que ponen de manifiesto lo común que es la discriminación en nuestro país, en todas sus modalidades, que van desde la discriminación directa por razones de color de piel, de pobreza, de apariencia, de nivel económico, de género y preferencia sexual, hasta una discriminación sistémica que como sociedad vemos como algo normal, en la que entran desde los roles de género “tradicionales” dentro de la familia, hasta la exclusión deliberada de ciertas minorías en sus derechos humanos fundamentales.

Según datos de la Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México (edis) ((COPRED), 2021), las causas, que los encuestados consideran más comunes, de discriminación son:

La pobreza 16.4%.

El color de piel 16.2%.

Las preferencias sexuales 10.6%.

La clase social 9.1%.

Así mismo, al preguntar sobre cuál es el grupo más discriminado, los encuestados respondieron de la siguiente manera:

De piel morena 18.7%.

Indígenas 16.8%.

Mujeres 9.4%.

Gays 9.3%.

Pobres 5.2%.

No hace falta, entonces, ir tan lejos, ni siquiera entrar a Sonora Grill para darnos cuenta de cuánta discriminación existe alrededor nuestro.

¿Será acaso que estas prácticas son parte de nuestra idiosincrasia como mexicanos?

¿Tú mismo, quien lee estas líneas, has sido víctima o victimario?

Interesante sería conocer tu opinión.


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Referencias:

(COPRED), E. C. (Agosto de 2021). Encuesta sobre discriminación en la Ciudad de México. Obtenido de https://copred.cdmx.gob.mx/storage/app/media/EDIS-2021-26Nov21.pdf


Acerca del autor: Fernado Zúñiga se ha desarrollado en ambientes que abarcan las artes y la promoción cultural, la informática, las TIC’s, la gastronomía, todo lo anterior aunado a su formación profesional en la gestión de negocios.

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