By Diego Lavalle

Correo: diegolavalle@politicaladvisorsapc.com


Las redes sociales se han convertido en una herramienta para la difusión del mensaje político y con ello, la posibilidad de que los ciudadanos puedan expresar en muchos casos con clara subjetividad su postura ante dicho mensaje.

Es un acierto que el constante cuestionamiento se promueva, pero en las decisiones del ejercicio público este no suele ser imparcial.

Hay quienes, en lugar de responder con su postura en desacuerdo, tienden a citar las publicaciones o tuits para, más que dar su opinión, desacreditar la del autor.

En la cultura de la cancelación es muy común ver este tipo de señalamientos hacia figuras públicas, interpretes, actores y actrices, atletas de alto rendimiento, comediantes, famosos en general, y los favoritos a cancelar: los políticos.

Comparten una característica estos críticos, normalmente son afines a la cuarta transformación.

Con una seguridad vehemente en su expresar, pero con dotes de una falsa superioridad intelectual, le quitan seriedad su intento de ‘’cancelar’’ a un opositor cuando entre risas y letras mayúsculas incoherentemente cuestionan una sola línea de pensamiento.

Por ejemplo, cuando el Partido Acción Nacional ante una crisis de afiliación partidaria, busca posicionarse alterando el algoritmo a su favor para robustecer su militancia, estas personas se expresan de forma burlesca. Sin embargo, ante una mala noticia del Gobierno en turno, ya sea por ineptitud, corrupción, falta de sensibilidad en un problema de cohesión social, o cualquier otra situación multifactorial, el cuestionamiento, la indagación y el esclarecimiento de situaciones de dominio público, no forman parte de su idiosincrasia. Todo es selectivo, más por la corriente e ideología que por el problema en sí mismo.

Otro caso a citar, fue el de la consulta popular, ya que, hubo cuestionamientos de la oposición por su costo. El famoso comentario de que la justicia no se debe consultar sino aplicar, fue otro detonante para que los ´´cuatroteistas´´ manifestaran su respuesta al afirmar que fue un ejercicio digno de aplaudir, democrático, en el cual por fin existió crítica y participación ciudadana en relación al gobierno en turno, en ese sentido,  la razón apela al juicio de la 4T y su fundamento constitucional, empero con el tono de aparente superioridad ya mencionado las críticas a la oposición por desacreditar la consulta se hicieron presentes efusivamente, porque al haber otros temas de interés  que se necesitan priorizar (salud pública) es normal que exista una disyuntiva y una crítica ferviente.

La realidad es que, la crítica rebuscada, artificiosa, y forzada no elimina que la crítica simple, elemental y sencilla tenga profundidad y puntos concretos de razón. La estructura de la primera no puede solo por eso, desacreditar el punto de la otra.

Al final, solo fue la polarización de alguna semana más, sin una conclusión palpable y definitivamente sin un rumbo sinónimo a la pluralidad.

Como coloquialmente se dice ‘’lo que está mal, está mal’’ las críticas del pasado son un gran antecedente a la mejora continua del servicio público, pero no se deben ignorar los desaciertos del presente por tener una cancelación selectiva.


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Acerca de autor: Diego Lavalle es politólogo egresado del Centro Latinoamericano de Estudios Superiores.

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