By Tania Ochoa

Correo: tania.ochoa@politicaladvisorsapc.com


Recuerdan la tan sublime película que retrata desde el comienzo como una paradoja la empatía por la justicia e injusticia ajena. El joker es la representación de la risa de los sobrevivientes, de los rotos; un personaje mítico que se desenvuelve en la locura en la que camina la Ciudad de Gotham diariamente, y la cual, aplasta el espíritu y destroza la construcción de los ciudadanos convirtiéndolos en: ricos, pobres y relegados, aquellos que tratan de sobrevivir de la desesperanza de un sistema gubernamental que no se involucra con su ciudadanía; la deshumanización política y social que envuelve al vulnerable protagonista.

Es la otra cara de la moneda en donde los villanos son los marginados sociales y solo son el resultado de una explosión interna (katábasis) que conlleva a generar un ímpetu violento sobre aquellos abusadores que necesiten aprender límites.

¿Qué tiene que ver el Jocker con nuestro escenario actual ante la muerte de dos afroamericanos: George Floyd y Rayshard Brooks en Estados Unidos y con el mexicano Giovanni López muerto en Jalisco?;

Pues bien, George Floyd fue captado en cámara durante un video no mayor a 10 minutos el lunes 25 de mayo, en el cual, es sometido de manera brutal por la policía de Minneapolis culminando todo en el fallecimiento del sometido a causa de pagar una cajetilla de cigarrillos con un billete de 20 dólares falso y resistirse en ser detenido.

¿Tener antecedentes por robo a mano armada en una invasión de hogar en Houston cambia la forma de arresto o de la brutalidad del trato hacia un ciudadano afroamericano?

Por su parte, Giovanni López fue detenido el 4 mayo, un caso que no tuvo relevancia hasta hace un par de días teniendo como origen el movimiento #BlackLivesMatters, en memoria de la muerte de George Floyd. Giovanni Lopez fue detenido por la policía municipal de Jalisco ante la justificación de no usar cubre bocas, su detención fue brutal y al siguiente día fue confirmada su muerte por un golpe en la cabeza y un disparo en la pierna. Posteriormente se hizo una declaración del verdadero motivo por el que fue detenido – Una falta administrativa.

¿Quién era Giovanni López y por qué fue el blanco de una detención y muerte violenta?

Ahora viene un tercer caso, el joven Rayshard Brooks muerto el viernes 12 de junio a causa de quedarse dormido en su automóvil en el aparcamiento de un restaurante de comida rápida en estado de ebriedad, pidió a los policías lo dejaran llegar caminando a casa de su hermana y ante la negación y la prueba del alcoholímetro iba a ser detenido, al forcejear y quitar la pistola eléctrica a los oficiales y tratar de huir fue baleado por un policía de Atlanta.

¿Cuál es el origen de la brutalidad de los arrestos hacia afroamericanos?; ¿Qué diferencia hay entre los arrestos a multi-homicidas de piel blanca a un hombre negro que su único error fue beber demás?

Debemos aclarar algo, estas muertes no son las primeras, son las que toman relevancia, las que en redes sociales se hacen tendencia: ¿Dónde estaban las multitudes ante el odio racial del Ku Klux Klan, la muerte de Eric Garner, Tamir Rice y Freddie Gray? ¿Quién les va a hacer justicia a ellos?; ¿Dónde se encontraba el interés de las multitudes hace algunos años? Ante todo, estos gritos, este interés, este disgusto social vienen con un atisbo de hipocresía.

En la óptica mexicana deviene un tema muy interesante: la incompetencia y el interés. Y es que el uso de la fuerza armada, policiaca y ciudadana desde sus inicios se ha utilizado para llegar o colaborar con un cierto grado de interés a un tercero. Es el apoyo de un sistema que se ha caracterizado por demostrar el faltante esencial en su estructura: los límites.

NADA justifica el excesivo uso de la fuerza policiaca para sus detenciones. NADA justifica la muerte de un ciudadano, ni la forma, el modo o el trato por parte de la policía, sin embargo, estos casos son la punta del iceberg de un sistema que no solo debe basarse en la culpabilidad de sus representantes públicos, sino de la omisión ciudadana y la apatía que a esta le corresponde.

Pero en estos casos viene una ambivalencia social y pública: el desdén que recae como responsabilidad en cada una de las partes. ¿Pero que se olvida la entidad pública y que olvida la ciudadanía en temas que corresponden a la educación cívica desarrollada en casa y en las aulas?

La empatía.

El amalgamiento entre estas historias es mucha política, pocas reformas sociales; por consiguiente, poca educación civil y de respeto. Es la estrangulación de la Sociedad de Gotham, la República Mexicana o Estados Unidos; un sistema que divido por el ingreso, la salud y sobre todo por el color de la piel; en donde no tiene entrada la multiculturalidad, sólo la alienación que debe cumplir cada persona en su rol diariamente, sin poder generar las condiciones para poder superar el lugar donde se le asigno desde su nacimiento.

Más sin embargo, esto nos lleva al tema del levantamiento social por el hartazgo, por el abuso, por la violencia. Dónde se encuentra el movimiento #BlackLivesMatter en los barrios de Chicago donde se mata un joven afroamericano a diario. El racismo es palpable pero las movilizaciones actuales solo traen incógnitas sobre la verdadera forma de interés y el jugo que se puede exprimir de está naranja.

En comparación El Jocker es el sobreviviente de un sistema, se amalgama con el tema por la empatía, sí; ¿Pero qué pasa en la historia? Nunca se deja ver el victimismo, jamás se utiliza la palabra opresión para señalar a una población por su color de piel. No todos los afroamericanos son relegados u oprimidos, no toda la ideología implantada por una concepción física recae dentro de su comunidad. El Jocker nos sigue demostrando lo democrático que puede ser el alzamiento de los sobrevivientes, no solo las proyecciones comunitarias bajo el estandarte de la opresión.

¿Las autoridades son responsables de estos actos o como ciudadanos somos cómplices gracias a la apatía que prepondera de manera personal en las muertes y actos brutales generados hacia nuestros hermanos?

¿Por qué no hacernos cargo de las omisiones que generamos ante el dolor ajeno?

¿Dónde estuvimos en las muertes previas y desde cuando se vera otro movimiento que se detone en una tendencia para interesarnos y cambiar las estructuras colapsadas de nuestra sociedad?

¿La violencia es la única forma de levantar la voz y pedir un mejor trato para los sectores sociales abatidos?

¿Qué tan hipócritas somos como para luchar por una causa mientras violentamos y perjudicamos el trabajo del otro mientras no comparta nuestro pensamiento?

El problema no es un sector, el problema es la omisión y la violencia generada sin importar el color de piel que se tenga, incluyendo intereses económicos y políticos.


Acerca del lector: Tania Ochoa es politóloga por la UNAM.