By Luis Díaz

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No sé por qué, una noche he soñado con ella, no fue una proyección astral, ni una visión, simplemente se trató de un sueño.

Habíamos caminado por los pasillos del Christ Church en Oxford, hablábamos de que la magia de este lugar no radicaba en las discusiones escolásticas de los franciscanos de la Edad Medía, ni los discursos de los jesuitas, tampoco lo eran los diálogos de la mecánica cuántica ni de la relatividad general. La magia consistía en que estábamos ella y yo sonriendo, pensándonos dentro del mundo de Harry Potter. El libro o la película, no lo sabía, ni ella lo sabia. Su mano estaba entrelazada a la mía.

Oh Darwin, me he enamorado en Oxford, quisiera viajar en el Beagle con ella.

La chica me vio a los ojos diciendo. -¿Por qué el silencio?

Me limite a decir. -Ve, todos los directores en sus pinturas son fuertes, de caras largas y poco amistosas. En cambio, tú y yo somos ligeros y felices.-

– Y sin embargo se mueven.- Respondió la jovencita, sonriendo.

Pensé para mis adentros, la conozco, se como es ella, un volcán enfurecido.  Al igual que la Navidad es fría y distante, como Gea en el invierno, esta es la razón de la Corona de Adviento, alumbrar las cuatro semanas de obscuridad del invierno, la nieve, la soledad, su llanto, tiene tanto en común con la briza de invierno. La navidad no nos recuerda la vida eterna, es más bien una promesa de muerte. Así es ella, morena como yo, a diferencia mía de cabello liso, distraída como un día de compras, pero muy profunda y abstracta.

Escuchamos la puerta principal de la sala común, regresé de mis pensamientos, de pronto sentí un pellizco. Ella gritó. -¡Un cachorrito!- Efectivamente en la entrada se encontraba un pequeño can, pastor inglés que era el centro de gravedad de toda la sala, empero, encontré un cuadro de un hombre atractivo de rasgos franceses, ojos obscuros y vigilantes.  La señorita que me tenía atado a sus dedos miraba al cachorrillo saltar alrededor de unas oblicuas esquinas de la mesa principal. El retrato seguía mirándolo de reojo, parecía que el me miraba a su manera, como miran las cosas bidimensionales a las tridimensionales, por medio de planos y cortes.

El perrito corrió a nosotros, ella se agacho a acariciarlo, me soltó, aproveche la oportunidad para acercarme más al viejo retrato, miré unas letras, posiblemente el autor del fresco escuche una voz que me dijo. -Este cuadro es un auténtico Van Dyck o al menos eso se dice.- comento una mujer de 45 años, rubia y algo alta, lo suficiente para voltearla a ver de reojo. Sonrió y acerco su mano a la mía para estrecharla, agrego con su voz. -Soy la Profesora Van den Hüggen. Vi el interés que le provoco este cuadro. Mucho se dice de él, ya que no es ningún director del Christ Church, mucho se habla que en realidad era el sueño de Van Dyck de como le hubiera gustado ser físicamente, otras versiones dicen que en su estancia en Oxford, Oscar Wilde a pesar de ser del Magdalen se colaba a esta sala común a pintar por las noches y que en realidad es el retrato de Dorian Gray. Se imaginará, las leyendas que los críticos de arte y egresados del Christ Church nos gusta inventar.- Sonrió y levanto un tanto la ceja.

-Mi nombre es- Iba a decir mi nombre cuando la señorita que viajo conmigo, traía al perrito entre sus brazos. Me dijo al oído de forma cariñosa. -Se llama Maxwell, como el físico que tanto admiras.-  Sonreí por la inercia del chiste. La Profesora Van den Hüggen sonrió y me dijo. -Puede buscarme en la Bodlein al caer alba.- Se despidió con un gesto de mano.  Fue enigmática la mirada del cuadro, de la misma manera no pude quitarme de la mente la proposición de la profesora del Christ Church.


La tarde noche llego a nuestro primer día, el santoral de Santa Lucia marca fríos en la región sur de Inglaterra, no era la excepción en Oxford, una de las noches más largas del año, siempre se acompaña de chocolate y cantos de adviento. Estaba deseosa de ver el árbol encendido del Yule al igual que yo. Regresamos al encendido de las luces, para escuchar un pequeño coro. La profesora de la tarde me hablo. -Sr. incognito, nadie puede resistirse al encendido de nuestro árbol de Navidad.-

Mi acompañante respondió al momento. -Si, es de las noches más bellas del Reino Unido tengo entendido. Santa Lucia nos enseña la luz que puede salir de nosotros mismos a pesar de estar rodeados de obscuridad, la noche es larga como los sueños que reposan al interior del abismo. El Leviatán que nos ha devorado con la esperanza de ser escupidos al mundo como el Profeta Jonás. –
El silencio se hizo presente de nuevo, toco mi mano para darme calor con su guante. Cuando pensé tomar la palabra la profesora Van den Hüggen se adelantó para empezar a explicar lo siguiente. -Si todos tienen en mente la parte linda del día. Es reconfortante beber la cocoa caliente y pensar que el Leviatán te salvará la vida de una barca que el mismo Dios permitió a la suerte hundir por una misión especial. Esta noche se liberan los espíritus de la noche obscura del alma y no todos llegan al encendido de la vela de adviento. Aquí en Britannia se ha olvidado sin embargo en Suecia y Dinamarca es algo vigente. Naturalmente hablamos de leyendas, folklore de lo que la gente alguna vez llegó a pensar que era real. Por cierto ¿Ya probaron los Roly-Poly? Son muy buenos, nada tienen que ver con los del supermercado. Mi chica los tomo siquiera consultarme.

El encendido de las luces lo guardo con mucho aprecio, cantamos varios villancicos mientras tomábamos té o chocolate, el campus se había llenado de turistas y niños. Nosotros mismos éramos turistas que pensamos estar algunos días en Londres y otros tantos en Oxford. No todo fue paz en la Universidad, la profesora de arte y el cuadro me tenían intrigado. Llegó el momento de acostarse en el hostal, la abrace, le bese la oreja e intente dormir abrazado a ella.

El viento toco la ventana varias veces, escuche voces causadas por el rechinamiento de la madera, algunos gatos de estudiantes que estaban en el campus solían salir de él sin problemas, el sueño empezó a hacer efecto en mí y escuche una voz gutural al parecer de un gato que llamaba desde sus adentros. -“Dogian, Dogian, come on”- Pensé en el cuadro, aceleró mi corazón. Salí a toda prisa del hostal, la calle estaba iluminada pero vacía, encontré para mi sorpresa un enrejado abierto por el cual penetré a las instalaciones. No había guardias, estaban los jardines con luces de la época a lo lejos estaba a la vista la Bodlein Library.  Camine hasta por fin llegar a una puerta vieja de madera que me dio acceso al College, pase el corredor que pude tomar por la puerta hasta después de varios intentos y distintos cuartos pude dar al salón principal, estaba el cuadro frente a mí, no dejaba de mirarlo, sus ojos negros, su piel del rostro de un blanco pálido, mirada vigilante y seria, cabello negro a los hombros, nariz alargada y poco ancha, escuche pasos a una distancia lejanas, crujió un pedazo de madera, sentí frio.

Mire de reojo al cuadro, vi un gusano alrededor de la nariz, sostuve la respiración y perplejo voltee a ver sin notar al insecto. Camine sin conflictos a la cocina, había algunos hombres de jengibre en la mesa de apoyo de los cocineros, tome uno para mí y otro para mi querida novia. Noté un sabor embriagante, no hice mucho caso, los tonos del jengibre le daban corpus a la masa, junto con algunas almendras.

Mi camino se tornó confuso, escuche al viento decir -«Dorian, Dorian, wake up«-, los gatos no dejaban de maullar, algunos perros ladraban a lo lejos, escuche lobos.

Camine por el corredor, el espacio se hacía más pequeño, se dilataron mis ojos, no distinguía la luz de las tinieblas, salí, encontré bruma al interior y al exterior, camine y vi el Yule, al centro del jardín principal con luces que a mis ojos se hacían más grandes y más pequeñas, tonalidades esmeralda podía percibir que me envolvían, salían del árbol. Otra vez escuché las voces de los gatos al gutural “Dogian, Dogian, you ag in os” Algo en mi comenzó a cambiar me sentía libre pero distinto vi mis manos más alargadas y pude ver por encima del hombro. La vi frente a mí, vestida de negro en su totalidad, sin maquillaje, gabardina y su cabello ondulado rubio. Se acerco a mí, en tono casi imperceptible, me hablo. -Ahora si te puedo llamar por tu nombre, ya nada te ata o te libera. Nos rebelamos generación tras generación. En ocasiones a la tercera o cuarta generación. Eres el mismo hombre de siempre con el que tanto anhele, tantos años espero el cuadro por ti, quien tú mismo pintaste ofreciéndolo a mí, la mujer de la noche, la nocturna, la mal llamada lechuza.-  en un susurro agrego, -Si soy tu Lili…-

….El hombre quedo pensativo, obnubilado, toco su rostro alargado con sus manos finas de guante de cordero. Exhalo… -Si, te recuerdo, siempre has estado a mi lado, el principio del placer, es el final del temor, noche a noche te frecuente y busque nuevas formas de contactarte hasta que desafíe mis propios límites, mi propia naturaleza y siempre estuviste a mi lado para aconsejarme, mi muy deseada Lili…- Detente ahí, reclamo la mujer. -Esta noche solo soy Layla, Lucia me tiene sometida, mientras que la mujer de la mañana espera engendrar, ese sacrificio que se da así mismo. ¿Quién puede ser tan absurdo para entregarse voluntariamente al escarnio? ¿Un idiota? Como aquel ruso mortal que se anteponía ante cualquiera de nuestros planes y la magia o el Dios estaban siempre con él, Ivan el Durak. En cambio, tu oh Dorian siempre estuviste con nosotros, aceptaste que eres mortal y que los gusanos te traspasaran.-

-Quememos maderos del yule hasta que la mañana quede, honrémonos nosotros mismos.- dijo la Profesora Layla Van der Huggen.

Dorian y Layla tomaron algunos maderos del roble, los colocaron de forma radial, la mujer se agacho beso la nieve, se prendió un fuego verde que con el paso de tiempo paso a tonalidades azules y naranjas, la luz se extendía por todo el Christ Church. Layla cogió de la espalda a Dorian y lo beso, este respondió el beso acariciándole las mejillas y el cuello. El hombre tuvo una visión, se vio en el pasillo del Church tomando por cuchillo al cuello a un hombre al que paso un punto y se derrumbó, una pequeña gota mancho el traje azul de este hombre, pero no podía detenerse la seguía besando hasta que la tiro en la nieve, su mente le mostró nuevamente en el Bodlein. Dorian miraba un antiguo códice de plantas medicinales, escrito en latín provenientes de algo dentro de él que percibía como su tierra. Vio a otra persona, al parecer envenenada, sin embargo, su pasión no cedía seguía con ella y no podía detenerse. Él se asumía responsable de esos crímenes y sentía placer.

La noche tenía un beso de ángel, la nieve que cae por uno instante, Dorian yacía bajo Layla, no vislumbraba que sucedía, vio las luces de unas velas, un rostro muy familiar, la faz de la joven era dulce como la cocoa con leche, los ojos grandes del color del almendro. Existía una belleza que no podía describir Dorian, le era absurdo tomarle sentido. La luz de las velas difuminaba un rostro que desconocía, pero dentro si, se escuchó un respiro. Dorian vio su cuadro ser atravesado por los gusanos.
La luz de las velas quemaba sus ojos, la mujer que yacía encima de él, grito enfurecida. -Es ella, es ella, siempre estuvo contigo y me lo ocultaste.-

La chica a la que se refería la profesora Van den Hüggen, portaba una corona de enebro con 4 velas blancas, la joven usaba una túnica blanca que le hacía relucir su figura, por momentos la túnica reflejaba los colores naranjas de las velas, sonreía con benevolencia, su semblante moreno era etéreo, de una solemnidad celestial. La mujer de túnica sin expresión alguna expreso con fortaleza. -Estoy aquí, la aurora de la mañana pronto saldrá, la luz está contigo, despierta. Oh Usíl de tu letargo, que estoy contigo –

Desperté, no recordaba exactamente que paso, me sentía extraviado, vi a Alinata con sus jeans característicos, tenis y la sudadera que le obsequié por su cumpleaños. Estaba confundido por lo ocurrido, la engañe con Van den Hüggen empero no se molestó. Me pregunto que se sentía consumir tanto ajenjo. La profesora fue detenida por asesinato, robo patrimonial, estaba asociada a una secta neopagana que cometía actos sacrílegos en determinados lugares, robos de memoria histórica y faltas a la moral. Fui a declarar a la policía de Londres por la supuesta colusión al robar el Códice Florentino perteneciente a la Universidad y de preparar un veneno con floripondio.

Salí de la comisaria con Alinata y nos dirigimos a escuchar la liturgia en la Catedral del Christ Church, una bella liturgia de adviento que nos enseña a esperar en la fe, la esperanza y la caridad. La muerte, la tristeza, la melancolía, el dolor y el hedonismo quedan reducidos a nada cuando la luz llega a nosotros. Porque conocemos como en espejo, distorsionado y vacío, pero llegará el momento en que sabremos como fuimos concebidos.


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Acerca del autor: Luis Díaz es egresado de la licenciatura en Física por la UNAM, cuenta con cursos de Humanidades en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, actualmente se desarrolla en el servicio público y aspira ingresar al Doctorado en Ciencias Físicas.

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