A Propósito de la Felicidad y la Economía

By Miguel Arroyo

Correo: miguel.arroyo15@politicaladvisorsapc.com


En conferencia de prensa el presidente Andrés Manuel López Obrador indicó que trabaja en un índice para medir  crecimiento económico, bienestar, grados de desigualdad y felicidad del pueblo. Señala que será una herramienta alternativa a la medición del Producto Interno Bruto (PIB). Dicha propuesta llega en un escenario controversial debido a los visibles estragos económicos derivados de la pandemia que se vive. Es común observar que los pronósticos de indicadores macroeconómicos, como el nivel de desempleo, de consumo, de inversión y en conjunto el crecimiento del PIB, anuncian una  inminente caída.[1]

También es cierto que las profundas deficiencias en la medición de  la riqueza y la felicidad de la economía han estado presentes  desde la formalización de la ciencia económica. Como referencia sustancial, el padre de la economía Adam Smith (1723-1790) aseguraba que la felicidad debería ser intrínseca en cualquier planteamiento de estudio, pero también el  objetivo final de las sociedades. En esta ocasión nos ocuparemos del estudio de la felicidad en la economía, y la difícil interpretación a lo largo de la historia. Se verá que la mofa de medir la felicidad con sonrisas es solo eso, una construcción mediática.

En la historia del pensamiento económico, la “felicidad” ha sido un tema central de debate. En un inicio, el filósofo y economista  Jeremy Bentham (1748-1832), padre de la doctrina utilitarista, incorporó en su pensamiento la interpretación de la felicidad en un sentido hedonista, que en términos generales definía  la felicidad como una continua acción de producir mayor utilidad, con el único fin del goce de la vida.[2]

Años más tarde John Stuart Mill (1806-1873), también filósofo y economista, seria influenciado por las proposiciones de Bentham y su doctrina utilitarista, que lo llevaron a  estudiar la cuestión de la felicidad.[3] Stuart Mill como economista defendía la sociedad comercial, pero como filosofo consideraba que el sistema socioeconómico era una permanente insatisfacción, que dificultaba enormemente disfrutar de él. En 1861 Stuart Mill publicó su obra El utilitarismo, que fundamentaba las ideas de Bentham, bajo  el principio de mayor felicidad como elemento moral.

La felicidad utilitarista se basaba en el principio (inicialmente hedonista) del placer y de la ausencia de dolor, y asumía que una de las formas principales de placer es la satisfacción de los deseos. En opinión de Stuart Mill, los deseos  que motivan a los seres humanos, son ordenados de acuerdo al nivel de satisfacción que les da, en una de sus citas celebres ejemplifica este argumento: es mejor ser un ser humano insatisfecho, que un cerdo satisfecho.[4]

Stuart Mill llevó el debate de la felicidad a un análisis más profundo, considerando que se podía hacer una distinción cualitativa entre los placeres humanos, unos vinculados a características subjetivas e intelectuales, y otras de carácter físico y sensorial, pero descarta que la comparación entre placeres pueda ser puramente cualitativa. En ese sentido, Stuart Mill dota de mayor importancia (a diferencia de  Bentham) la consecución de la virtud  a través de los placeres subjetivos e intelectuales, lo que le valió considerar su postura sobre la felicidad con tintes eudemonistas, pero difícilmente medibles.[5]

Dicha postura privilegiaba el desarrollo de la virtud, como la meta de todo individuo y sociedad, que en su conjunto se interpretaba como progreso social. Y argumentaba que por sí sola la búsqueda de la riqueza es una visión hedonista empobrecida, entendiendo la riqueza como la satisfacción banal de los deseos.[6] De tal forma, Stuart Mill considera la búsqueda desinteresada de la virtud como el verdadero logro de la felicidad. El ejercicio de la virtud comporta placer, y es esencial para el desarrollo de una sociedad inculcar esta idea en su población joven. Sólo cuando se logre identificar el ejercicio de la virtud con el placer, se podrá complementar el interés individual y general en una sociedad.

Como hemos visto, la cuestión de medir felicidad y riqueza no es un tema nuevo, e incluso lleva generaciones completas estudiándose. Aquí solo hemos revisado una parte de la visión utilitarista clásica de la felicidad. A la par de esta doctrina se encontraba la escuela de Cambridge con representantes como Tomas Malthus (1766-1834), Alfred Marshall (1842-1924) y posteriormente Arthur C. Pigou (1877-1959). Y por otra parte, el utilitarismo de Bentham siguió desarrollándose a través de autores como William S. Jevons (1835-1882), León Walras (1834-1910) y Carl Menger (1840-1921), que en adelante impulsarían la revolución marginalista, cuya influencia en los postulados del principio de utilidad marginal llegaría a la actualidad.

En otra ocasión y siguiendo el mismo debate, revisaremos porque Marshall afirmaba que el afecto de los amigos, es un elemento importante del bienestar, pero no se computa como riqueza.[7] Y como el PIB, aun con sus deficiencias de medición, perdura hasta nuestros días a pesar de  que existen indicadores alternativos, en ello, el estudio de la desigualdad social tendría mucho que ver.

Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona

Nicanor Parra.

[1] Por ejemplo las recientes estimaciones del FMI o de Banxico.

[2]   Araujo, C. (2000) La filosofía política moderna de Hobbes a Marx. CLACSO Cap. X. pág. 284.

[3]  El utilitarismo de Bentham fue sumando seguidores en el siglo XVIII y XIX hasta convertirse en la corriente de pensamiento económico dominante, en la que hoy se basa la economía ortodoxa.

[4]   Stuart M.J. (1984) El utilitarismo, selección del capítulo II, Alianza Editorial, Madrid 1984. Pág. 5.

[5] Para una aproximación a la doctrina eudemonista, se recomienda el libro Ética eudemia de Aristóteles.

[6]   Stuart M.J. (1984). op.cit. (2012), pag. 12

[7] Marshall, A. (1890) Principios de Economía. El consultor bibliográfico 8 Edición. España. Pág. 19


Acerca del autor: Miguel Arroyo es maestro en Economía por la UNAM. Actualmente desarrolla proyectos de asesoría en política macroeconomica y regulación ferroviaria. Sus líneas de investigación son la economía pública y el desarrollo económico.

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1 comentario

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  1. Buenísimo el aporte. Un cordial saludo.

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