By Luis Díaz

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«No sé si todos tenemos un destino o estamos flotando casualmente, como en una brisa. Yo creo que pueden ser ambas. Puede que ambas estén ocurriendo al mismo tiemp

Forrest Gump

En la entrega pasada se explicaron los movimientos políticos del siglo XX a partir de los tratados de Yalta hasta los movimientos paleoconservadores que han configurado el orden internacional, en consecuencia de estos; la partición europea, los conflictos territoriales contemporáneos, el surgimiento de la OTAN y el regreso a la seguridad europea en base a los equilibrios como lo fue el siglo XIX pudiendo zarpar hasta la configuración de los tratados de Westfalia, resultado de los estados nación europeos.

En esta ocasión me gustaría abordar los motivos por los cuales posiblemente estamos en esta situación, para ello quisiera aclarar que los fenómenos políticos pueden modelarse matemáticamente por medio de la teoría de juegos, una forma de ver costos beneficios de determinadas acciones concretas y la afectación a los otros jugadores, teniendo juegos de suma cero o no cooperativos y juegos cooperativos, por lo regular el performance internacional son de suma cero. La problemática de esta visión se encuentra en que no todos los jugadores son racionales, hay demasiados factores que no son tomados en cuenta y no siempre se puede plantear un problema sencillo de una complejidad competente. Estos modelos fueron tomados a mediados del siglo XX gracias a los avances de figuras matemáticas de la talla de John Von Neuman y  Nash. Actualmente es la modelación más usada para la aplicación de sanciones económicas, planteamientos de guerra y la instrumentalización para la planeación estratégica de la seguridad nacional.

Otro modelo de planeación política tiene que ver con las estrategias de poder planteadas con base a la geografía política y económica de los participantes, desde el siglo XIX los grandes imperios definieron sus intereses de dominación con base al espacio geográfico, existiendo dos grandes escuelas de pensamiento, la británica y la alemana. Los británicos buscaban el control del pivote del mundo, que según su teoricista John Mackinder “quien controla el Asia central, controla el mundo” debido a la cantidad casi ilimitada de recursos naturales, lo que llevó a los ingleses desde antes a dominar lo que ellos llamaron the great game, conflictuando con el Imperio Otomano, China y Rusia, esta última tuvo el control de la zona al ganar la Guerra de Crimea (suena muy actual pero esto ocurrió en 1853-56).

Los alemanes basados en el libro El Origen de las Especies vieron la geografía como un espacio vital, un ser vivo que se desenvuelve en la cultura y crece, por ello el mundo alemán (incluyendo daneses y suecos) pensaron en la expansión geográfica, fue de hecho el sueco Rudolf Kjellen quien en 1889 acuñó el término geopolítica para definir estas doctrinas, más adelante Ratziel y Houshoffer desarrollaran esta célula que se expande por espacio vital, cosa que intento hacer desde el imperio prusiano con la Loraine de Francia como los nazis en su expansión al Este. La primera y la segunda guerra mundial fueron consecuentes a estas visiones del poder, de ellas dependen los equilibrios de poderes, así como las configuraciones de la zona de influencia, haciendo pensar algunos historiadores que en realidad fue una sola guerra en dos actos.

El factor estadounidense viene de los mares, aquellos colonos rebeldes tenían dos salidas al mar, al Océano Pacifico y al Océano Atlántico, posición estratégica para dominar las rutas comerciales que sus conquistadores ingleses venían haciendo desde los tratados de Westfalia y el inicio del capitalismo. Las necesidades de esta nueva potencia fue el control de los mares, para ello el geógrafo Mahan propuso el control total del Pacifico y del Atlántico mientras que su doctrina Monroe tendría lejos a los europeos de tierras americanas para hacer posible el excepcionalísimo estadounidense que se habló en el artículo anterior. La debilidad de sus vecinos iberoamericanos y el punto de equilibrio europeo con la lanza de la OTAN permite la pax angloamericana, pudiendo echar andar la teoría de Mackinder en este enfrentamiento con Rusia y China, naciones distintas con intereses comunes, que estudiaremos en el siguiente artículo.

He de aclarar desde mi punto de vista como próximo etnohistoriador y una persona formada en las ciencias exactas, me resulta un tanto complicado considerar que la geopolítica dicta per se el gran orden mundial y una serie de semi conspiraciones (aunque a veces la ficción se queda corta a la realidad, prueba de ello es el Macbeth de Shakespeare) y las conspiraciones de Boris Johnson para evitar a toda costa los tratados de paz de Estambul entre Rusia y Ucrania, una vez iniciado el conflicto, que al día de hoy tenemos más de dos años en él. No obstante, una cosa es lo que uno propone, Dios dispone, llega el diablo y lo descompone, por ende puede haber distintas directrices de un problema pero nunca saldrá tal cual alguien lo planeo, posiblemente salga peor como dicen las leyes de Murphy, hay que recordar que la historia es la partida de ajedrez registrada en los anales, la geopolítica las aperturas del gran tablero metahistórico de la política.

Las partidas de ajedrez por definición son estocásticas con desenlaces deterministas, ya lo decía la mamá de Forres Gump “La vida es una caja de bombones, nadie sabe lo que te va a tocar”

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Acerca del autor: Luis Díaz es egresado de la licenciatura en Física por la UNAM, cuenta con cursos de Humanidades en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, actualmente se desarrolla en el servicio público y aspira ingresar al Doctorado en Ciencias Físicas.