By Enrique Dupuy

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Regresemos a 1988, Porfirio Muñoz Ledo reclamaba ante el pueblo de México que existió un post-fraude electoral y, junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier, realizaron protestas y una resistencia pacífica para transformar la historia. El 11 de octubre de 1990 se crearía el Instituto Federal Electoral y la oposición empezaría a tener voz y voto en las decisiones más importantes del país.

Manuel Bartlett, en ese entonces secretario de gobernación, llamaría en Bucareli a tener paciencia y esperar los resultados del sistema del Registro Federal de Electores, ya que se había caído momentos antes y no se podría saber el resultado de la elección presidencial hasta días después.

32 años después, Muñoz Ledo no respeta al autónomo Instituto Nacional Electoral del ahora Consejero Presidente Lorenzo Córdova Vianello y tomará posesión ilegítima como el dirigente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en la Roma Norte, en la Ciudad de México.  

Tanto senadores, diputados locales y federales fueron firmantes de una carta digital en donde expresan su descontento ante un Muñoz Ledo que no respetó el reglamento en el cual se han ejercido tanto la encuesta de reconocimiento como la encuesta final para saber quién será el presidente de MORENA. Piden atentamente que los dirigentes nacionales del partido, como Alfonso Ramírez Cuellar y Bertha Luján, no se presenten a dicho evento si es que quieren mantener “los principios democráticos” que han regido al movimiento.

Claro que la carta era facciosa e inclusive algunos diputados se deslindaron totalmente de quién había hecho la misma. Tanto hay diputados que quieren a Porfirio como presidente del Comité Ejecutivo Nacional como hay legisladores que están a favor del coordinador de la cámara baja por MORENA, Mario Delgado Carrillo.

Sí, la democracia está en riesgo porque ni se han respetado las encuestas hechas por la autoridad electoral más importante del país como de los propios simpatizantes y militantes del partido, ya que se están dando sillazos por cualquier aclaración o propuesta que no estén dispuestos a aceptar.

Ese ha sido uno de los problemas de la izquierda desde la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989. Cuauhtémoc Cárdenas se enfrentó a las facciones que existían en el partido del sol naciente e inclusive la necesidad de la democracia interna se vio mermada por las aspiraciones políticas de sus militantes. Inclusive, el senador Cristóbal Solís logró llegar a la candidatura para la gubernatura de Michoacán fortaleciendo sus bases de simpatizantes más no la unidad del partido.

Pero el mismo Muñoz Ledo fue el presidente del PRD entre 1993 – 1996 y tampoco logró cambiar la forma de ver las primarias en el partido. Para ese momento, Andrés Manuel López Obrador ya era un político reconocido de la oposición y sería elegido en el 2000 como el jefe de gobierno del Distrito Federal.

La democracia, según Robert Dahl, se basa en la liberalización del debate público así como en la aceptación de una oposición, pero ello no significa que porque exista una liberalización, se deban desconocer los resultados que no favorecen a los intereses de unos pocos.

Si existe un fraude, hay que probarlo, una izquierda fraccionada no sirve para hacer cambios estructurales en el país. Actualmente vemos a una derecha disputada, entre un Gilberto Lozano con su grupo de católicos y con tendencia al extremismo como lo es FRENAAA, a los calderonistas y zavalistas que impulsan el partido de derecha social “México Libre” y a un Partido Acción Nacional (PAN) que en vez de impulsar la agenda juvenil y de la transición democrática, prefiere ser contenciosa antes que propositiva.

El PRD para 2024 tal vez ya ni siquiera tenga registro como partido político a nivel nacional, el Partido Verde se ha dedicado a chapulinear antes que a tener una postura ideológica y el ahora Partido Encuentro Solidario solo tiene una base sólida en Morelos. El PRI sigue en lucha, pero la gente, después de la desconfianza que se suscitó en el sexenio de Enrique Peña Nieto, no votará por el regreso del partido hecho por Plutarco Elías Calles como para ser la primera oposición ante el gobierno.

Hoy, México verá si Muñoz Ledo o Delgado quedan como los dirigentes del partido oficialista, pero también distinguirá las razones del porqué debe existir la democracia. No se trata de cerrar Paseo de la Reforma como AMLO lo hizo en 2006 o poner casas de campaña voladoras en el Zócalo capitalino como FRENAAA lo ha hecho durante 3 semanas, sino de velar por no desinformar e investigar todo lo que conlleva una encuesta, su proceso de realización, los análisis de datos y las conclusiones finales.

No se vale argumentar sin conocer el fondo o solo por el hecho de crear proselitismo. Delgado es del ITAM-Universidad de Essex, Inglaterra y Muñoz Ledo es de la UNAM-Universidad de París. Además de que ambos han estado en el gobierno por mucho tiempo, así que los dos son tecnócratas en sus ámbitos laborales y sería extraño ver a los candidatos ignorando las reglas del juego. ¡Qué manera de legislar y de gobernar a sus representados! ¡Lástima les debería dar como actores de izquierda no velar por la democracia!

Ganaron sus posiciones por la democracia y ahora la quieren deshonrar. ¡Que la nación se los demande en caso de jugar sucio! ¡No más autoritarismo, sí más democracia!


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Acerca del autor: Enrique Dupuy es estudiante de la licenciatura en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, campeón metropolitano de discursos y fundador del equipo universitario de debate del Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México.