Héctor Sánchez

Correo: sanchezhector@politicaladvisorsapc.com


“¡Despierta que México será otra Venezuela y perderás todo! ¡AMLO es el sucesor de Chávez! ¡Pronto México será una Dictadura Bolivariana!”

Las anteriores frases cuentan con la autoría de Gilberto Lozano, el líder del Frente Nacional Anti-AMLO (Frena), un frente que puede describirse como una especie de aglutinamiento de las medias y altas clases sociales (además de aquellos y aquellas que erróneamente se autodenominan como miembros de estas clases) de México, intentando legitimarse como un pleno movimiento social mediante plantones con casas de campaña en lugares públicos y con una masificación de su clara contraposición al gobierno en turno en redes sociales. Su principal demanda es la dimisión de Andrés Manuel López Obrador de la presidencia de México, esto bajo la premisa de un claro paso al autoritarismo que está dándole fin a la endeble democracia mexicana debido a la postura presidencialista y déspota del ya mencionado AMLO.

Si bien, el frente ya se había movilizado con anterioridad, el acto que inaugura la mayoría de notas apabullantes sobre esto se dan el 19 de septiembre, momento en el que inician un plantón en la Avenida Juárez, para que en días posteriores siguiera su extensión al Paseo de la Reforma y finalmente ocupar la Plaza de la Constitución el pasado fin de semana. Esto último como respuesta al reto lanzado por el presidente, en donde de manera sarcástica y burlona pedía a los líderes de Frena que congregaran a más de cien mil personas en el Zócalo capitalino como una condicionante para su renuncia. Las cifras discreparon entre las dadas por Frena y las dadas por el gobierno capitalino, pues mientras los primeros sostenían que fueron más de 153 mil personas las que se manifestaron en las planchas del Zócalo, los segundos mencionaron que los presentes no fueron más de 8 mil, claro está, además de las casas de campaña.

Es claro que la oposición al gobierno seguirá defendiendo cifras que rebasen los cientos de miles de manifestantes en la cita del pasado fin de semana, al mismo tiempo que el gobierno capitalino y el propio AMLO intentan hacer lo propio minimizando la magnitud de la manifestación. No obstante, dejando a un lado la cifra exacta de tal suceso, lo cierto es que esto ha reflejado que hay un malestar y descontento muy fuerte en una parte de la sociedad mexicana con respecto a las formas con las cuales se ha encaminando la presente administración, y que los comentarios despectivos hacia este movimiento no hacen más que evidenciar la polarización a la que se encuentra sometida la sociedad mexicana en su conjunto.

Sin embargo, ¿No es precisamente el actual gobierno bajo el estandarte de una nueva transformación el resultado de una polarización que encontró finalmente su punto máximo el pasado 1 de julio de 2018? Cabe mencionar que el descontento social, producto de la absurda desigualdad en casi todos los ámbitos de la vida que durante casi un siglo padeció la sociedad mexicana y que en los últimos treinta años halló su recrudecimiento con la flamante apuesta neoliberal, se vio bien canalizado y redirigido a una propuesta de transformación institucional ofertada por Morena, donde la promesa de acabar con el mayor de los males en el país, la corrupción, sirvió como catalizador y amalgama de simpatizantes y no simpatizantes del proyecto que señalaban con el dedo al grupo tripartita RRI-PAN-PRD como el responsable de tal mal. Finalmente, ocurrió lo que todos sabemos, el electorado se encaminó hacia un cambio de régimen; una alternancia en el poder que reflejó el descontento de una gran mayoría con las administraciones del pasado.

Lo que se busca recalcar con lo anteriormente dicho es que las herramientas de la democracia representativa se hicieron valer en aquellas elecciones. La mayoría relativa se hizo presente con el triunfo de López Obrador con el respaldo de la mayoría del electorado mexicano que buscó darle la vuelta al sistema político, social y económico del PRI y del PAN. Y si las promesas de un paraíso para los de abajo (situación en la que nos encontramos la mayoría de los mexicanos, aunque muchos se visualicen como de arriba) no se han cumplido y, más bien, funcionaron como la retórica política de un partido que se hace llamar de izquierda, pero que en el fondo resulta una suerte de conglomerado lopezobradorista, no es precisamente este el lugar para abordar dicho problema y linchar por medio de tinta a un ya más que atacado gobierno, eso se puede encontrar en algunos de los diarios y semanarios del país que se dedican exclusivamente a ello.  

Sin embargo, claro que es posible mencionar algunos problemas que impiden avanzar a la oposición como un contrapeso sano en la deliberación pública, además, claro está, del nulo apoyo que este recibe por parte de la mayoría de la sociedad mexicana. Y es que se puede partir del discurso que su líder y la mayoría de los miembros de Frena utilizan como simbología del movimiento. Es así que desde estandartes y consignas religiosas hasta insultos despectivos hacia los morenistas y simpatizantes del gobierno, cuyos significados trastocan el clasismo y un etnocentrismo propio de una ultraderecha, son las cartas de presentación del líder de tal movimiento, Gilberto Lozano, ex director de FEMSA y ex Oficial Mayor en Gobernación bajo la administración de Vicente Fox.

Pero el uso de insultos clasistas y etnicistas de Frena no es lo único que le impide transformarse a la vista del ojo público en un pleno movimiento social que requiera de apoyo masivo, sino que esto se mezcla con el performance o símbolos físicos que implementan, tales como la manifestación en forma de caravana de autos o el plantón con la implementación de tiendas de campaña. No dudo que esto signifique algo llamativo y tenga un efecto de voltear a observar, pero para la mayoría de la población mexicana que no tiene un coche o no puede adquirir una casa de campaña e irse al plantón del Zócalo por semanas, estas acciones se tornan ajenas e imposibles a sus intereses y demandas, por lo que el movimiento, al hacer un llamado a la unidad nacional para terminar con los malos manejos de la actual administración, pero que al mismo tiempo se encierra en una burbuja de acceso exclusivo, termina por no poseer la legitimidad que necesita un auténtico movimiento social para conglomerar distintas demandas y actores.

Jugando un poco con las palabras halladas en Rebelión en la Granja, de Geroge Orwell, pareciera que Frena manifiesta una consigna de todos los mexicanos somos iguales, pero existimos algunos más iguales que otros.

No es de extrañar el que la mayoría de “notas periodísticas” sobre Frena describan un claro avance y un peso cada vez más pronunciado en sus cometidos, argumentando que han sido cientos de miles los que se han congregado para manifestarse en contra del actual régimen político y de las decisiones del presidente, apelando a que la puesta en escena de una supuesta mayoría disconforme y completamente en oposición refleja la polarización de la sociedad mexicana y las fisuras de la democracia representativa. Y es que lo ofrecen de manera tan colorida que pareciera ser como si aquellas cifras del todavía fresco 1 de julio de 2018, en donde un 53% del electorado nacional que participó en dicha jornada y le otorgó el voto a AMLO, representara per se un retroceso de la democracia.

Finalmente, a pesar de que los ataques que conciben como clientelismo y causa del claro estancamiento económico la implementación de programas sociales destinados a sectores de la población que durante sexenios pasados prácticamente se mantuvieron en el olvido, y muy a pesar de que esto sea causa de frases como “eres un mantenido del gobierno”, o “los pobres tienen la culpa de su condición por ser holgazanes”, me permito comentar que la elección de AMLO fue realizada de manera democrática, por lo que el hecho de pedirle cuentas y que escuche nuestras demandas para que con base en ello realice lo que se espera de un presidente y ejerza un pleno Estado de derecho es lo que se espera de una ciudadanía politizada, y claro que también cuentan las casas de campaña, los coches y las selfies con un café de estatus en la mano durante la manifestación para hacerse escuchar. Sim embargo, pedir que se anule la elección de la mayoría a poco más de dos años me parece que es un poco contradictorio.


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Referencias:

  1. Bolívar Meza, R. (2014). Morena: el partido del lopezobradorismo. Polis10(2), 71-103.
  2. Orwell, G. (2018). George Orwell. Rebelión en la granja.
  3. Santos, B. D. S. (2001). Los nuevos movimientos sociales. OSAL: Observatorio Social de América Latina, (5), 177-188.

Acerca del autor: Héctor Sáchez es estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública y Sociología.